
Por Gloria Catalán
El domingo 20 de diciembre alrededor de las 15 horas, un fuerte incendio originado en la parte alta de Valparaíso, desde el camino La Pólvora y hasta las quebradas ubicadas entre el Cerro Jiménez y San Juan de Dios, puso en riesgo a una gran cantidad de viviendas debido en gran parte a la falta de prevención de las autoridades tanto regionales como comunales, frente a este tipo de siniestros.
Para conversar sobre este tema hablamos con dos de los vecinos del sector de afectado, quienes nos concedieron esta entrevista.
Guillermo Hidalgo, actor y vecino del sector:
¿Cuáles son las consecuencias que origina el incendio recién ocurrido?
El principal efecto es el daño ecológico y ambiental ocurrido dentro del sector, la desolación que queda después del fuego y el miedo que sentimos todos los seres humanos que vivimos alrededor de éstas quebradas.
Pero algo positivo que podemos destacar es la generosidad de todos los vecinos del sector, tanto jóvenes como adultos que corrieron a ayudar para apagar el fuego y proteger nuestras casas.
Víctor Cortez, presidente del comité de desarrollo urbano y medioambiental de la Unidad Vecinal 27
Lo acontecido el día de ayer no hay que evaluarlo sólo desde el punto de vista material y la pérdida de viviendas, que es lo que atrae y venden-generalmente- los noticieros.
Sino que hay que evidenciar el hecho de que estamos frente a la ausencia de una política pública de carácter regional y, en específico, en lo que concierne a las características geográficas de Valparaíso. Cuando hablamos de ausencia de políticas públicas decimos que las autoridades –cualquiera sea su ideología política- no han tomado en cuenta que es más que necesario y urgente tomar medidas de carácter preventivo respecto de éstos casos; lo decimos ya que debemos reconocer que el desarrollo urbano de nuestra ciudad es anárquico, y que no existe una planificación seria y responsable al respecto. Es tan anárquica e irresponsable como anárquica es la vegetación que crece; en consecuencia sería antinatural desconocer que Valparaíso tiene estas características tan especiales y diferentes a otras ciudades, donde hay una convivencia entre la naturaleza y el crecimiento urbano.
Observamos en los puntos conflictivos donde se producen los siniestros, que hay solamente una preocupación por lo netamente urbano, pero no incorporando a los otros sectores como lo son las quebradas con su vegetación autóctona, flora y fauna y a los pobladores que allí habitan.
Aquí no hay inversiones porque no hay políticas al respecto que sirvan de elemento preventivo como no hacer un parque, accesos, espacios de recreación, cortafuegos, no hay aprovechamiento de las aguas a través de la construcción de un tranque, entre otras cosas.
Las quebradas, si bien están normadas de acuerdo al nuevo plan regulador, no están cuantificadas ni bien evaluadas para llegar a una efectiva convivencia cultural con nuestro entorno, llámense quebradas, vertientes, etc.
Este plan no puede ser efectivo ni llevado a buen puerto si no cuenta con la participación de los pobladores, los jóvenes, los ecologistas, los bomberos, carabineros, autoridades comunales y regionales. Sin estos actores, seguiremos escuchando las sirenas, los helicópteros, los aviones y los gritos aterrados de los pobladores cuando ocurren estos siniestros.
Para finalizar, debemos hacer un reconocimiento a los más de 100 pobladores, en su mayoría jóvenes, que acudieron con la herramienta que tuvieron al alcance de su mano para solidarizar e impedir que esto terminara en una catástrofe, vaya también el reconocimiento especial a la labor, a ratos temeraria y valiente, de los pilotos que el día de ayer, que en forma muy profesional y eficiente, evitaron dolores mayores a nuestros vecinos y vecinas de los Cerro San Juan de Dios y Jiménez.